Conciencia.net
28 de Octubre de 2006
PRISIÓN A TODO LUJO
por el Hermano Pablo
El apartamento fue especialmente diseñado. Un arquitecto elaboró los planos: dos cuartos bien amplios, dos compartimientos para vestirse, un baño completo instalado a todo lujo y un balcón que miraba a un valle florido. Y todo esto con calefacción para los dÃas frÃos y refrigeración para los calientes. Pero este no serÃa un apartamento de soltero millonario; ¡habÃa de ser una prisión! Uno de los grandes traficantes de drogas se lo hizo preparar para él mismo al reconocerse convicto de narcotráfico. Era una prisión bellÃsima, eso sÃ, pero prisión de todos modos.
Las cárceles siempre han tenido fama de horrorosas. Siempre han sido frÃas, oscuras, plagadas de ratas, cucarachas, telarañas y murciélagos. Han sido lugares de dolor, de lágrimas, de amarguras, de frustraciones. Todas las cárceles son asÃ, excepto la de este hombre. La de él era cárcel de lujo, cárcel como para vacaciones, cárcel para darse gusto. Pero no dejaba de ser cárcel. PodÃa ser de lujo. PodÃa tener de todo. Pero le faltaba lo principal. Le faltaba la libertad.
El ocupante de una cárcel semejante puede mirar cómo vuelan las aves por el valle florido, pero no puede seguirlas en sus vuelos. Puede ver correr el arroyuelo por entre vegas verdes, pero no puede refrescar los pies en él. Puede contemplar los grandes aviones que vuelan por encima, pero no puede, aun con todo el lujo de su cárcel, hacer un solo vuelo. Tal persona está presa, y no hay para ella libertad.
Sin embargo, la carencia de libertad no se limita al interior de una cárcel. Se puede también estar fuera de la cárcel y tener de todo en este mundo, pero ser, como quiera, el prisionero más cautivo que existe.
Aparte de las prisiones más conocidas, como lo son la tribulación de pasar toda la vida en una silla de ruedas, o el tormento de deudas serias por descuidos comerciales, o la amenaza de enemigos polÃticos por maniobras refractarias, hay otra cárcel todavÃa más severa. Es la cárcel de la inseguridad espiritual.
Sabemos que hay un Dios. Sabemos también que llegará el dÃa de confrontación con nuestro Creador. Y sabemos que no vivimos preparados para ese encuentro. Esta es una severa cárcel espiritual. Podemos creer que no existe ningún Juez divino, o que no tendremos que comparecer ante Él, o que ese dÃa de juicio está muy lejos. Pero por alguna razón inexplicable, no se nos quita de encima la inquietud.
Ya es hora de que salgamos de esa cárcel. La puerta está abierta. La abrió Jesucristo con la llave de su sacrificio. Sólo tenemos que reconciliarnos con Dios, y se disolverán la culpa, el temor y la ansiedad en la que estamos encerrados. Aceptemos la libertad que nos ofrece Cristo. De hacerlo asÃ, en lugar de conformarnos con una prisión a todo lujo, podremos darnos el lujo de disfrutar de una libertad sin igual.


Una respuesta a “Conciencia.net”
1Maria Mires12 de Abril de 2007 @ 23:18
Gracias hermano Pablo por este mensaje, recien veo que he estabo en carcel con angustias, y preocupaciones, teniendo a Jesus como mi salvador no pedi ser liberada, ahora con jesus como mi señor me liberara de todo esto, gracias nuevamente y bendiciones
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