Un minuto para sonreir

17 de Noviembre de 2006

En cierta ocasión, una madre entregó dos monedas iguales a su pequeña hija, y le explicó que una moneda era para la ofrenda de la iglesia  y la otra para que se comprara dulces en la salida.

Durante el trayecto hacia la iglesia, tropezó y cayó al suelo, escurriéndose una de sus monedas, que rodó hasta perderse por la rejilla de un alcantarillado. Cuando se reincorporó de aquel porrazo, corrió a ver donde había caído aquella moneda. Al ver que ya no podría recuperarla, exclamó: ¡Mira, Dios…dónde has tirado tu dinero!

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